CURADORA Y CRÍTICA DE ARTE
Carlos Páez Vilaró
Museo Nacional de Artes Visuales
ArtNexus, #122 (junio 2024)
En el marco de los 90 años del nacimiento del artista uruguayo Carlos Páez Vilaró (1923-2014), se realiza la exposición antológica “Fantasías africanas”, curada por Manuel Neves y dispuesta en el segundo piso del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). La muestra propone un recorrido cronológico por las distintas épocas y series de su trabajo.
Cabe destacar el desafío que implica realizar una exposición de un artista tan popular en Uruguay e internacionalmente, cuya obra llegó a aparecer hasta en reproducciones en las etiquetas de botellas de agua por algún tiempo. Páez Vilaró fue un artista mayormente conocido por su trabajo sobre la cultura afro y por su serie de soles, que fue muy difundido y celebrado en vida por el público y la prensa general y especializada, si bien a finales de los años 60 recibió cierta antipatía por parte de la bohemia intelectual de Montevideo. Este no es un desafío fácil, ya que el público tiene una idea preconcebida de lo que va a ver y con lo que se puede encontrar, pero al mismo tiempo quiere que lo sorprendan, ¿cuál es, si no, el aporte de esta muestra?
El curador no hace caso omiso de todas estas controversias, sino que, por el contrario, busca, con ellas en la mente, ofrecer un panorama de la obra del artista para que cada cual lo juzgue desde su propia mirada y conozca sus trabajos menos difundidos. Para ello, hizo una selección de un poco más de cincuenta pinturas de caballete –en contrapartida a la cantidad de murales que realizó tanto en Uruguay como en el exterior– que dejan entrever sus diferentes intereses e investigaciones artísticos.
Durante una entrevista en el programa Perfiles, Carlos Páez Vilaró se definía a sí mismo como “un hacedor”, y tal vez este sea el rótulo que mejor le calce. Es autodidacta y reconoce sus limitaciones técnicas. Crea por empujes, entra en momentos de producción frenética en los que se centra en una técnica, un tema o idea, y luego lo suelta. Sus series son realmente muy variopintas, podemos reconocer en ellas diferentes influencias del arte moderno y del siglo XX. Si bien Páez Vilaró reflexionaba sobre su obra pictórica, era un hombre polifacético y de intereses múltiples, que no se limitó en nada: hizo libros, cerámica, escultura, viajó por el mundo, construyó la casa-hotel-museo emblemático Casapueblo, en Punta Ballena, hizo murales, escribió música, diseñó indumentaria, y demás.
Entre las obras seleccionadas, en aquellas de los años 50 podemos ver una clara influencia del arte moderno europeo, con una figuración que se acerca a la abstracción; aquí no hay perspectiva, y los fondos son planos. Mientras tanto, en los 60 resalta la recurrencia al informalismo, con obras matéricas y de signos, en donde los conceptos de fondo y forma pierden sentido. En la serie Fetiche (1988), entre otras, la figura vuelve a cobrar protagonismo; el uso de elementos geométricos, con una marcada abstracción en cuanto a la síntesis de las formas, en las que de nuevo el fondo queda relegado a un segundo plano. A partir de aquí, su paleta se vuelve más vibrante, con colores fuertes como el rojo, el amarillo, el azul o el verde.
Tal vez en donde alcanza mayor soltura y una voz propia es en sus últimos trabajos, sobre el candombe, la cultura afro y los soles. Pero esta no es una consecuencia lógica del resto de su obra, sino una irrupción más, en la que parecería despojarse del arte de la época y crear algo propio y distintivo. Por supuesto, está presente su admiración por la obra de Pedro Figari, que había conocido ya en los años 50, pero es preciso reconocer además su cercano vínculo con la cultura afro tanto en Uruguay como en África. En primer lugar, tuvo su taller ubicado en el famoso conventillo Mediomundo durante varios años y frecuentó y tuvo una gran amistad con varios referentes de la cultura afrodescendiente uruguaya de la época, entre ellos Waldemar Cachila Silva y las comparsas lubolas Morenada y Cuareim 1080. Además, a principios de los años 60 viajó a África y tomó contacto directo con esta geografía y su cultura. Incluso, expuso en el Museo de Angola y realizó varios murales en Congo, Camerún, Mali, entre otros.
Es difícil encontrar un factor común en su obra, pero podemos decir que en su mayoría priman el dibujo y la línea. Los trazos pueden ser cuidados, casi caligráficos, o más sueltos. Parece explorar distintos formatos, técnicas y estilos que acompañan el momento histórico o la corriente predominante de la época y sus inquietudes. Según el curador, el eje vertebral de su obra es justamente el interés por el continente africano y su cultura; de allí surge el nombre de la exposición. Hacia el final de la muestra nos encontramos con su obra más reconocible y difundida, los soles y el candombe, con un marcado estilo que lo popularizó.
En suma, la muestra consigue mostrar la diversidad y polifonía de la obra de Páez Vilaró. También da lugar en el museo a un grupo de obras que siempre buscaron ser accesibles y populares, llegarles a las distintas personas de forma cercana, en contraposición a un arte elitista y para entendidos.